¿Merece la pena visitar las Islas de los Príncipes?
La sal en el aire, las gaviotas volando en círculos sobre tu cabeza y el ruido de los motores que se va desvaneciendo a tus espaldas: el turno empieza incluso antes de que atraques. Para cuando llegues al muelle, el tráfico de Estambul habrá dado paso a la sombra de los pinos, las villas de madera y ese tipo de calles que te invitan a tomártelo con calma.
Durante siglos, estas islas sirvieron como lugares de destierro y retiro: lugares de exilio en la época bizantina y, más tarde, refugios de clima cálido para la élite urbana de Estambul. Esta historia llena de matices explica por qué las islas siguen dando la sensación de estar separadas de la ciudad, en lugar de simplemente unidas a ella.
Lo mejor no es un monumento concreto, sino un cambio de ritmo. Vienes por las vistas al mar, los paseos por las colinas, las playas y las largas comidas junto al mar, pero te vas recordando lo rápido que Estambul se desvaneció a tus espaldas.
No lo elijas si: no te gustan los viajes en ferry, las subidas empinadas o las excursiones de un día al aire libre sin un programa muy definido.